Usualmente las áreas definen los desafíos anuales (mejora/recuperación respecto del año pasado, algo por hacer de manera diferente o posiblemente una innovación, entro otros) durante el último mes del año anterior o en el primer mes del año que inicia.
Dichos desafíos, que también suelen llamarse objetivos operativos o metas anuales, requieren del compromiso de uno, varios o todos los colaboradores del área, con lo cual cada uno de ellos también tiene sus propios desafíos anuales. Si esto no se ha realizado, entonces todos y nadie es responsable por lograr los desafíos, salvo el jefe del área.
Lo recomendable es que se haga un seguimiento frecuente (quincenal, mensual, bimestral o trimestral dependiendo del grado de novedad y complejidad) de cada desafío, con la finalidad de poder tomar las acciones correspondientes para asegurar su logro al final del año. Asimismo, la mitad del año suele ser un momento en el cual un área puede hacer un gran balance parcial de lo avanzado.
Entre varias combinaciones. existen tres escenarios frecuentes que se pueden encontrar en dicho balance: la mayoría de los desafíos avanzan según lo esperado, algunos de los desafíos avanzan según lo esperado, la mayoría de los desafíos están en riesgo de no cumplirse. ¿Qué hacer al respecto?
